El área del pensamiento literario: La razón ficcional
Mi novela, Personajes sin autor en la mente, está terminada; aquí sus protagonistas se convierten en una realidad con sus casi treinta mil palabras. La imaginación busca hospedaje en la razón para que el lenguaje pueda expresar su verdad. De esta interacción se demuestra que la imaginación, la razón y el lenguaje forman un triángulo cuya área es el pensamiento literario.
Históricamente, el concepto de literatura (del latín littera, letra) ha sido monopolizado por el lenguaje. Esta visión tradicional, influenciada por nociones académicas y etimológicas, nos hace olvidar que toda expresión humana nace en la misma fuente: en el pensamiento del ser.
El lenguaje puede ser el puente de la razón o su barrera. Si la palabra se utiliza como evasión para hacer que la razón sea innecesaria —convirtiendo a la literatura en una vía de distracción, tal como sucede con un microrrelato— se oculta la verdad esencial. Por ello, la palabra debe sujetarse al poder de la razón. Solo así la literatura demuestra su jerarquía y evita ser reducida a un simple tuit literario o a una adivinanza.
Frente a esta incoherencia, surgen preguntas fundamentales: ¿Cuál es la verdadera conexión entre el pensar y la literatura? ¿Habríamos encontrado manifestaciones artísticas si nuestra comunicación fuera a través de la mímica?
La Jerarquía y la Evidencia de Rousseau
Jean-Jacques Rousseau aclara en uno de sus ensayos que, con la inteligencia humana, habríamos logrado establecer medios de comunicación tan extraordinarios como el habla—quizás gestos, miradas u otras alternativas—. Habríamos establecido códigos, creado arte y realizado tantas cosas como hacemos hoy con la asistencia del lenguaje.
Concluyo: el origen de la literatura está en el pensar ficcional del escritor y no en la palabra. Primero es el pensamiento, luego vienen las palabras. No existen palabras sin pensamientos, salvo en casos de ambigüedad como las adivinanzas literarias que analizo en el artículo Monterroso VS. Arguedas: Brevedad y control narrativo. Pero sí puede existir pensamiento sin palabras. Este pensar da origen a manifestaciones artísticas como la danza, pintura, escultura, arquitectura y el propio pensar para la creación de algo nuevo.
La Sinfonía de la Razón y su Aplicación Universal
El razonar literario y el lenguaje son términos que deben relacionarse con pulcritud. El primero combina ideas o juicios en la mente; el lenguaje, por su parte, debe sujetarse al poder de la razón para demostrar que la literatura no es una simple forma de distracción.
Cuando el lenguaje se subordina a esta razón pura—al pensamiento que antecede y controla la expresión—el arte resultante deja de ser un mero objeto de estudio académico o bibliográfico. En cambio, se convierte en un concepto aplicable en todas las sociedades y grupos humanos. Su verdad no se encuentra en “estantes bibliográficos humanistas, literarios u otras fuentes”, sino en la esencia del ser humano.
El arte forjado desde la razón pura es un código de ética y verdad que es automáticamente más humano y fraterno. Es el lenguaje universal de la voluntad que, sin necesidad de palabras, resuena a través de la danza o el gesto. Esto significa que la literatura, en su forma más elevada, no es solo un artefacto lingüístico, sino la transcripción de un pensamiento ético que es inmediatamente reconocible por cualquier conciencia, sin importar su idioma o su cultura.
El Deber del Lenguaje
La razón tiene la jerarquía más alta, pues es la fuente de la verdad, capaz de manifestarse incluso en el silencio. El lenguaje debe dejar de ser instrumento de la nebulosa y la ambigüedad. Su deber es uno solo: servir como secretario fiel del pensamiento. Solo cuando la palabra se somete al juicio de la razón, el arte literario alcanza su máxima expresión: una expresión más humana y fraterna, que trasciende los límites del diccionario y de la página escrita.
Derechos de Autor: Safe Creative N° 2601064190881 – 06 enero 2026
