El prismático
La literatura, como cualquier disciplina del conocimiento, no se limita a sus conceptos. Cuando ingresas en su universo descubres innumerables portales; eliges uno y, sin darte cuenta, comienzas a recorrer estancias que transforman tu manera de mirar.
No llegas a esa puerta porque el destino la coloca frente a ti. Llegas porque dentro de ti ya existía la curiosidad de abrirla.
Durante muchos años escribí bajo el seudónimo de Arriero. Más adelante apareció Edo. Sin embargo, mientras desarrollaba la saga Personajes sin autor, comprendí que ninguno de ellos expresaba del todo la mirada que iba adquiriendo.
Entonces apareció el Prisma.
No como un personaje, sino como una forma de observar.
Un prisma no crea la luz: la revela en todas sus posibilidades. De la misma manera, la literatura no siempre consiste en inventar mundos, sino en descubrir los que ya existen y ofrecer nuevas maneras de contemplarlos.
Mientras escribía Dramaturgo sin personajes, comprendí algo más: si yo asumía la mirada del Prisma, quienes me rodeaban dejaban de ser simples espectadores. Los actores y actrices de la vida cotidiana también poseen esa capacidad de observar, interpretar y transformar la realidad.
Por eso los llamo prismáticos. No empleo la palabra en su sentido habitual, sino para nombrar una actitud ante la realidad: quien acepta que una misma verdad puede revelar múltiples perspectivas sin dejar de ser una sola.
Ser prismático no significa tener todas las respuestas. Significa atreverse a mirar una misma realidad desde perspectivas distintas y reconocer que ninguna mirada agota su significado.
Quizá esa sea la verdadera función de la literatura: recordarnos que ningún texto se agota mientras exista una mente dispuesta a explorarlo. Cada idea abre un portal distinto y revela horizontes que otros aún no han descubierto. Yo solo no me doy abasto para recorrerlos todos.
Por eso creo que hacen falta más prismáticos.
DDAA- Safecreative: 18/07/2026 – 2607186430430
Arquímedes Rivera Olazábal
